lunes, 19 de diciembre de 2016

Deseo

Pedro Guerra (1966- )


Te seguiré hasta el final 
te buscaré en todas partes 
bajo la luz y las sombras 
y en los dibujos del aire 

Te seguiré hasta el final 
te pediré de rodillas 
que te desnudes amor 
te mostraré mis heridas 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 

Te seguiré hasta el final 
entre los musgos del bosque 
te pediré tantas veces 
que hagamos nuestra la noche 

Te seguiré hasta el final 
con el tesón del acero 
te buscaré por la lluvia 
para mojarme en tu beso 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 
y cuando todo se acabe 
y se hagan polvo las alas 
no habré sabido por qué 
me he vuelto loco por nada 

Te seguiré hasta el final 
por la ladera del viento 
para rogarte, por Dios 
que me hagas sitio en tus besos 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 
y cuando todo se acabe 
y se hagan polvo las alas 
no habré sabido por qué 
me he vuelto loco por nada 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 
y cuando todo se acabe 
y se hagan polvo las alas 
no habré sabido por qué 
me he vuelto loco por nada.


Pedro Guerra 
* Güímar, Tenerife, España. 2 de junio de 1966] 

martes, 17 de noviembre de 2015

Dámaso Alonso (1898 - 1990) - A la Virgen María

Dámaso Alonso (1898 - 1990)

A la Virgen María


Como hoy estaba abandonado de todos,
como la vida
(ese amarillo pus que fluye del hastío,
de la ilusión que lentamente se pudre,
de la horrible sombra cárdena 
donde nuestra húmeda
orfandad se condensa)
goteaba en mi sueño, medidora del sueño, 
segundo tras segundo.

Como el veneno ya me llegaba al corazón,
mi corazón rompió en un grito,
y era tu nombre,
Virgen María, madre.
(Treinta años hace que no te invocaba.)

No, yo no sé quién eres,
pero eres una gran ternura.
No sé lo que es la caricia de la primavera
cuando la siento subir como una turbia marea de mosto,
ni sé lo que es el pozo del sueño
cuando mis manos y mis pies con delicia se anegan,
y, hundiéndose, aún palpan el agua cada vez más
humanamente profunda.

No, yo no sé quién eres, pero tú eres
luna grande de enero que sin rumor nos besa,
primavera surgente como el amor en junio,
dulce sueño en el que nos hundimos,
agua tersa que embebe con trémula avidez 
la vegetal célula joven,
matriz eterna donde el amor palpita,
madre, madre. 

¡Qué dulce sueño en tu regazo, madre,
soto seguro y verde entre corrientes rugidoras,
alto nido colgante sobre el pinar cimero,
nieve en quien Dios se posa como el aire de estío, 
en un enorme beso azul,
oh tú, primera y extrañísima creación de su amor!

Déjame ahora que te sienta humana,
madre de carne sólo,
igual que te pintaron tus más tiernos amantes;
déjame que contemple, tras tus ojos bellísimos,
los ojos apenados de mi madre terrena;
permíteme que piense
que posas un instante esa divina carga
y me tiendes los brazos,
y me acunas en tus brazos,
acunas mi dolor,
hombre que lloro.
Virgen María, madre,
dormir quiero en tus brazos 
hasta que en Dios despierte.

Blas de Otero (1916 - 1979) - Igual que vosotros

Blas de Otero (1916 - 1979)

Igual que vosotros


Desesperadamente busco y busco
Un algo, que sé yo qué, misterioso,
Capaz de comprender esta agonía
Que me hiela, no sé con qué, los ojos.

Desesperadamente, despertando
Sombras que yacen, muertos que conozco,
Simas de sueño, busco y busco un algo,
Qué se yo dónde, si supieseis cómo.

A veces, me figuro que ya siento,
Que sé yo qué, que lo alzo y lo toco,
Que tiene corazón y que está vivo,
No sé en qué sangre o red, como un pez rojo.

Desesperadamente, le retengo,
Cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
Buscando, sin saber por qué, en lo hondo.

He levantado piedras frías, faldas
Tibias, rosas azules, de otros tonos,
Y allí no había más que sombra y miedo,
No sé de qué, y un hueco silencioso.

Alcé la frente al cielo: lo miré
Y me quedé, ¡Por qué, oh Dios!, dudoso:
Dudando entre quien sabe, si supiera
Qué sé yo qué, de nada ya y de todo.

Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
Qué sé yo qué, sin qué, oh Dios, buscando
Lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros. 

Blas de Otero

Blas de Otero (1916 - 1979) - En el principio

Blas de Otero (1916 - 1979)

En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo 
lo que tiré, como un anillo, al agua, 
si he perdido la voz en la maleza, 
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo 
lo que era mío y resultó ser nada, 
si he segado las sombras en silencio, 
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro 
puro y terrible de mi patria, 
si abrí los labios hasta desgarrármelos, 
me queda la palabra.

Blas de Otero 

jueves, 29 de octubre de 2015

Soeur Marie Saint-Espirit [Simone Piguet] (1922 - 1967) - Un amor me espera

Soeur Marie Saint-Espirit [Simone Piguet] 
(1922 - 1967)

Un amor me espera

No sé lo que ocurrirá al otro lado, cuando mi vida haya entrado en la eternidad: solamente estoy segura de que un amor me espera. 

Sé que será el momento de hacer balance de mi vida, tan pobre y tan sin peso, pero más allá del temor estoy segura de que un amor me espera. 

Por favor, no me habléis de glorias, ni de alabanzas de bienaventurados, ni tampoco acerca de los ángeles. Todo lo que yo puedo hacer es creer, creer obstinadamente que un amor me espera. 

Ahora siento llegar la muerte y puedo esperarla sonriendo, porque lo que siempre he creído lo creo con más fuerza. Cuando muera, no lloréis porque es ese amor quien me lleva consigo. Y si veis que tengo miedo, —¿por qué no iba a sentirlo?—, recordadme sencillamente que un amor, un amor me espera».

[Carmelo de Nogent sur Marne]

Soeur Marie Saint-Espirit [Simone Piguet] 

Rabindranath Tagore (1861 - 1941) - Pasos silenciosos

Rabindranath Tagore (1861 - 1941)

Pasos silenciosos

¿No oíste sus pasos silenciosos?
Él viene, viene, viene siempre.
En cada instante y en cada edad,
todos los días y todas las noches.
Él viene, viene, viene siempre.

He cantado muchas canciones y de mil maneras,
pero siempre decían sus notas:
“Él viene, viene siempre”.

En los días fragantes del soleado abril,
por la vereda del bosque,
él viene, viene, viene siempre.
En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio,
sobre el carro atronador de las nubes,
Él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía,
son sus pasos los que oprimen mi corazón,
y el dorado roce de sus pies
es lo que hace brillar mi alegría
porque Él viene, viene, viene siempre.


Rabindranath Tagore (1861 - 1941) - Bajaste de tu trono

Rabindranath Tagore (1861 - 1941)

Bajaste de tu trono

Bajaste de tu trono, y te viniste a la puerta de mi choza.
Yo estaba solo, cantando en un rincón, y mi música encantó tu oído. Y tú bajaste y te viniste a la puerta de mi choza.
Tú tienes muchos maestros en tu salón, que, a toda hora, te cantan. Pero la sencilla copla ingenua de este novato te enamoró; 
su pobre melodía quejumbrosa, perdida en la gran música del mundo.
Y tú bajaste con el premio de una flor, y te paraste a la puerta de mi choza.