Deseo
Pedro Guerra (1966- )
Te seguiré hasta el final
te buscaré en todas partes
bajo la luz y las sombras
y en los dibujos del aire
Te seguiré hasta el final
te pediré de rodillas
que te desnudes amor
te mostraré mis heridas
Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
Te seguiré hasta el final
entre los musgos del bosque
te pediré tantas veces
que hagamos nuestra la noche
Te seguiré hasta el final
con el tesón del acero
te buscaré por la lluvia
para mojarme en tu beso
Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada
Te seguiré hasta el final
por la ladera del viento
para rogarte, por Dios
que me hagas sitio en tus besos
Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada
Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada.
Pedro Guerra
* Güímar, Tenerife, España. 2 de junio de 1966]
lunes, 19 de diciembre de 2016
martes, 17 de noviembre de 2015
Dámaso Alonso (1898 - 1990) - A la Virgen María
Dámaso Alonso (1898 - 1990)
A la Virgen María
Como hoy estaba abandonado de todos,
como la vida (ese amarillo pus que fluye del hastío, de la ilusión que lentamente se pudre, de la horrible sombra cárdena donde nuestra húmeda orfandad se condensa) goteaba en mi sueño, medidora del sueño, segundo tras segundo. Como el veneno ya me llegaba al corazón, mi corazón rompió en un grito, y era tu nombre, Virgen María, madre. (Treinta años hace que no te invocaba.) No, yo no sé quién eres, pero eres una gran ternura. No sé lo que es la caricia de la primavera cuando la siento subir como una turbia marea de mosto, ni sé lo que es el pozo del sueño cuando mis manos y mis pies con delicia se anegan, y, hundiéndose, aún palpan el agua cada vez más humanamente profunda. No, yo no sé quién eres, pero tú eres luna grande de enero que sin rumor nos besa, primavera surgente como el amor en junio, dulce sueño en el que nos hundimos, agua tersa que embebe con trémula avidez la vegetal célula joven, matriz eterna donde el amor palpita, madre, madre. ¡Qué dulce sueño en tu regazo, madre, soto seguro y verde entre corrientes rugidoras, alto nido colgante sobre el pinar cimero, nieve en quien Dios se posa como el aire de estío, en un enorme beso azul, oh tú, primera y extrañísima creación de su amor! Déjame ahora que te sienta humana, madre de carne sólo, igual que te pintaron tus más tiernos amantes; déjame que contemple, tras tus ojos bellísimos, los ojos apenados de mi madre terrena; permíteme que piense que posas un instante esa divina carga y me tiendes los brazos, y me acunas en tus brazos, acunas mi dolor, hombre que lloro. Virgen María, madre, dormir quiero en tus brazos hasta que en Dios despierte. |
Blas de Otero (1916 - 1979) - Igual que vosotros
Blas de Otero (1916 - 1979)
Desesperadamente busco y busco
Un algo, que sé yo qué, misterioso,
Capaz de comprender esta agonía
Que me hiela, no sé con qué, los ojos.
Desesperadamente, despertando
Sombras que yacen, muertos que conozco,
Simas de sueño, busco y busco un algo,
Qué se yo dónde, si supieseis cómo.
A veces, me figuro que ya siento,
Que sé yo qué, que lo alzo y lo toco,
Que tiene corazón y que está vivo,
No sé en qué sangre o red, como un pez rojo.
Desesperadamente, le retengo,
Cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
Buscando, sin saber por qué, en lo hondo.
He levantado piedras frías, faldas
Tibias, rosas azules, de otros tonos,
Y allí no había más que sombra y miedo,
No sé de qué, y un hueco silencioso.
Alcé la frente al cielo: lo miré
Y me quedé, ¡Por qué, oh Dios!, dudoso:
Dudando entre quien sabe, si supiera
Qué sé yo qué, de nada ya y de todo.
Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
Qué sé yo qué, sin qué, oh Dios, buscando
Lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros.
Blas de Otero
Igual que vosotros
Desesperadamente busco y busco
Un algo, que sé yo qué, misterioso,
Capaz de comprender esta agonía
Que me hiela, no sé con qué, los ojos.
Desesperadamente, despertando
Sombras que yacen, muertos que conozco,
Simas de sueño, busco y busco un algo,
Qué se yo dónde, si supieseis cómo.
A veces, me figuro que ya siento,
Que sé yo qué, que lo alzo y lo toco,
Que tiene corazón y que está vivo,
No sé en qué sangre o red, como un pez rojo.
Desesperadamente, le retengo,
Cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
Buscando, sin saber por qué, en lo hondo.
He levantado piedras frías, faldas
Tibias, rosas azules, de otros tonos,
Y allí no había más que sombra y miedo,
No sé de qué, y un hueco silencioso.
Alcé la frente al cielo: lo miré
Y me quedé, ¡Por qué, oh Dios!, dudoso:
Dudando entre quien sabe, si supiera
Qué sé yo qué, de nada ya y de todo.
Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
Qué sé yo qué, sin qué, oh Dios, buscando
Lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros.
Blas de Otero
Blas de Otero (1916 - 1979) - En el principio
Blas de Otero (1916 - 1979)
En el principio
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero
En el principio
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero
jueves, 29 de octubre de 2015
Soeur Marie Saint-Espirit [Simone Piguet] (1922 - 1967) - Un amor me espera
Soeur Marie Saint-Espirit [Simone Piguet]
(1922 - 1967)
Un amor me espera
No sé lo que ocurrirá al otro lado, cuando mi vida haya entrado en la eternidad: solamente estoy segura de que un amor me espera.
Sé que será el momento de hacer balance de mi vida, tan pobre y tan sin peso, pero más allá del temor estoy segura de que un amor me espera.
Por favor, no me habléis de glorias, ni de alabanzas de bienaventurados, ni tampoco acerca de los ángeles. Todo lo que yo puedo hacer es creer, creer obstinadamente que un amor me espera.
Ahora siento llegar la muerte y puedo esperarla sonriendo, porque lo que siempre he creído lo creo con más fuerza. Cuando muera, no lloréis porque es ese amor quien me lleva consigo. Y si veis que tengo miedo, —¿por qué no iba a sentirlo?—, recordadme sencillamente que un amor, un amor me espera».
Sé que será el momento de hacer balance de mi vida, tan pobre y tan sin peso, pero más allá del temor estoy segura de que un amor me espera.
Por favor, no me habléis de glorias, ni de alabanzas de bienaventurados, ni tampoco acerca de los ángeles. Todo lo que yo puedo hacer es creer, creer obstinadamente que un amor me espera.
Ahora siento llegar la muerte y puedo esperarla sonriendo, porque lo que siempre he creído lo creo con más fuerza. Cuando muera, no lloréis porque es ese amor quien me lleva consigo. Y si veis que tengo miedo, —¿por qué no iba a sentirlo?—, recordadme sencillamente que un amor, un amor me espera».
[Carmelo de Nogent sur Marne]
Soeur Marie Saint-Espirit [Simone Piguet]
Rabindranath Tagore (1861 - 1941) - Pasos silenciosos
Rabindranath Tagore (1861 - 1941)
Pasos silenciosos
Pasos silenciosos
¿No oíste sus pasos silenciosos?
Él viene, viene,
viene siempre.
En cada instante y en cada edad,
todos los días y todas las noches.
Él viene, viene,
viene siempre.
He cantado muchas canciones y de mil maneras,
pero siempre decían sus notas:
“Él viene, viene siempre”.
En los días fragantes del soleado abril,
por la vereda del bosque,
él viene, viene,
viene siempre.
En la oscura angustia lluviosa de las noches
de julio,
sobre el carro atronador de las nubes,
Él viene, viene,
viene siempre.
De pena en pena mía,
son sus pasos los que oprimen mi corazón,
y el dorado roce de sus pies
es lo que hace brillar mi alegría
porque Él viene,
viene, viene siempre.
Rabindranath Tagore (1861 - 1941) - Bajaste de tu trono
Rabindranath Tagore (1861 - 1941)
Bajaste de tu trono
Bajaste de tu trono, y te viniste a la puerta de mi choza.
Yo estaba solo, cantando en un rincón, y mi música encantó tu oído. Y tú bajaste y te viniste a la puerta de mi choza.
Tú tienes muchos maestros en tu salón, que, a toda hora, te cantan. Pero la sencilla copla ingenua de este novato te enamoró;
su pobre melodía quejumbrosa, perdida en la gran música del mundo.
Y tú bajaste con el premio de una flor, y te paraste a la puerta de mi choza.
Yo estaba solo, cantando en un rincón, y mi música encantó tu oído. Y tú bajaste y te viniste a la puerta de mi choza.
Tú tienes muchos maestros en tu salón, que, a toda hora, te cantan. Pero la sencilla copla ingenua de este novato te enamoró;
su pobre melodía quejumbrosa, perdida en la gran música del mundo.
Y tú bajaste con el premio de una flor, y te paraste a la puerta de mi choza.
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