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martes, 17 de noviembre de 2015

Dámaso Alonso (1898 - 1990) - A la Virgen María

Dámaso Alonso (1898 - 1990)

A la Virgen María


Como hoy estaba abandonado de todos,
como la vida
(ese amarillo pus que fluye del hastío,
de la ilusión que lentamente se pudre,
de la horrible sombra cárdena 
donde nuestra húmeda
orfandad se condensa)
goteaba en mi sueño, medidora del sueño, 
segundo tras segundo.

Como el veneno ya me llegaba al corazón,
mi corazón rompió en un grito,
y era tu nombre,
Virgen María, madre.
(Treinta años hace que no te invocaba.)

No, yo no sé quién eres,
pero eres una gran ternura.
No sé lo que es la caricia de la primavera
cuando la siento subir como una turbia marea de mosto,
ni sé lo que es el pozo del sueño
cuando mis manos y mis pies con delicia se anegan,
y, hundiéndose, aún palpan el agua cada vez más
humanamente profunda.

No, yo no sé quién eres, pero tú eres
luna grande de enero que sin rumor nos besa,
primavera surgente como el amor en junio,
dulce sueño en el que nos hundimos,
agua tersa que embebe con trémula avidez 
la vegetal célula joven,
matriz eterna donde el amor palpita,
madre, madre. 

¡Qué dulce sueño en tu regazo, madre,
soto seguro y verde entre corrientes rugidoras,
alto nido colgante sobre el pinar cimero,
nieve en quien Dios se posa como el aire de estío, 
en un enorme beso azul,
oh tú, primera y extrañísima creación de su amor!

Déjame ahora que te sienta humana,
madre de carne sólo,
igual que te pintaron tus más tiernos amantes;
déjame que contemple, tras tus ojos bellísimos,
los ojos apenados de mi madre terrena;
permíteme que piense
que posas un instante esa divina carga
y me tiendes los brazos,
y me acunas en tus brazos,
acunas mi dolor,
hombre que lloro.
Virgen María, madre,
dormir quiero en tus brazos 
hasta que en Dios despierte.

Blas de Otero (1916 - 1979) - Igual que vosotros

Blas de Otero (1916 - 1979)

Igual que vosotros


Desesperadamente busco y busco
Un algo, que sé yo qué, misterioso,
Capaz de comprender esta agonía
Que me hiela, no sé con qué, los ojos.

Desesperadamente, despertando
Sombras que yacen, muertos que conozco,
Simas de sueño, busco y busco un algo,
Qué se yo dónde, si supieseis cómo.

A veces, me figuro que ya siento,
Que sé yo qué, que lo alzo y lo toco,
Que tiene corazón y que está vivo,
No sé en qué sangre o red, como un pez rojo.

Desesperadamente, le retengo,
Cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
Buscando, sin saber por qué, en lo hondo.

He levantado piedras frías, faldas
Tibias, rosas azules, de otros tonos,
Y allí no había más que sombra y miedo,
No sé de qué, y un hueco silencioso.

Alcé la frente al cielo: lo miré
Y me quedé, ¡Por qué, oh Dios!, dudoso:
Dudando entre quien sabe, si supiera
Qué sé yo qué, de nada ya y de todo.

Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
Qué sé yo qué, sin qué, oh Dios, buscando
Lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros. 

Blas de Otero

Blas de Otero (1916 - 1979) - En el principio

Blas de Otero (1916 - 1979)

En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo 
lo que tiré, como un anillo, al agua, 
si he perdido la voz en la maleza, 
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo 
lo que era mío y resultó ser nada, 
si he segado las sombras en silencio, 
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro 
puro y terrible de mi patria, 
si abrí los labios hasta desgarrármelos, 
me queda la palabra.

Blas de Otero 

jueves, 29 de octubre de 2015

Rabindranath Tagore (1861 - 1941) - Pasos silenciosos

Rabindranath Tagore (1861 - 1941)

Pasos silenciosos

¿No oíste sus pasos silenciosos?
Él viene, viene, viene siempre.
En cada instante y en cada edad,
todos los días y todas las noches.
Él viene, viene, viene siempre.

He cantado muchas canciones y de mil maneras,
pero siempre decían sus notas:
“Él viene, viene siempre”.

En los días fragantes del soleado abril,
por la vereda del bosque,
él viene, viene, viene siempre.
En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio,
sobre el carro atronador de las nubes,
Él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía,
son sus pasos los que oprimen mi corazón,
y el dorado roce de sus pies
es lo que hace brillar mi alegría
porque Él viene, viene, viene siempre.


Rabindranath Tagore (1861 - 1941) - Bajaste de tu trono

Rabindranath Tagore (1861 - 1941)

Bajaste de tu trono

Bajaste de tu trono, y te viniste a la puerta de mi choza.
Yo estaba solo, cantando en un rincón, y mi música encantó tu oído. Y tú bajaste y te viniste a la puerta de mi choza.
Tú tienes muchos maestros en tu salón, que, a toda hora, te cantan. Pero la sencilla copla ingenua de este novato te enamoró; 
su pobre melodía quejumbrosa, perdida en la gran música del mundo.
Y tú bajaste con el premio de una flor, y te paraste a la puerta de mi choza.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Juan de la Cruz (1542 - 1591) - Sin arrimo y con arrimo

Juan de la Cruz (1542 - 1591)

Sin arrimo y con arrimo

  Sin arrimo y con arrimo,
sin luz y a oscuras viviendo
todo me voy consumiendo.


                      1

  Mi alma está desasida
de toda cosa criada,
y sobre sí levantada,
y en una sabrosa vida,
sólo en su Dios arrimada.
Por eso ya se dirá
la cosa que más estimo
que mi alma se ve ya
sin arrimo y con arrimo.


                       2

   Y aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal,
no es tan crecido mi mal;
porque, si de luz carezco,
tengo vida celestial;
porque el amor da tal vida,
cuando más ciego va siendo,
que tiene al alma rendida,
sin luz y a oscuras viviendo.


                       3

  Hace tal obra el amor,
después que le conocí,
que, si hay bien o mal en mí,
todo lo hace de un sabor,
y al alma transforma en sí;
y así, en su llama sabrosa,
la cual en mí estoy sintiendo,
apriesa, sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo.

martes, 27 de octubre de 2015

Desconcierto

Desconcierto

Y aquí estamos los dos, bajo este enorme cielo...
Tratando de entendernos y de entrar alma adentro
al secreto infranqueable de nuestro pensamiento.
La ansiedad infinita de saber lo que pienso
te alarga la mirada hasta la última estrella;
la inquietud infinita de saber lo que piensas
me atormenta y me angustia, y me obliga a tu huella;
y no sabemos nada...

Ni tú, ni yo podremos averiguarlo nunca,
y sin embargo vamos por el mismo sendero,
bajo la luna,
bajo este enorme cielo...
A veces, hay un hilo de luz que nos alumbra
y creemos estar ciertos,
y entonces sonreímos como dos chicos buenos,
y vamos por la vida cogidos de la mano
balanceando los brazos,
sencillamente alegres, como dos arroyuelos,
EN EL RINCÓN DEL ALMA
FLORECEN LOS ALMENDROS.,,

Mas, de pronto oscurece y se parte el camino
como una mano abierta de cinco dedos finos,
cinco distintas rutas como cinco Destinos.
Cuál de ellos es el nuestro?
Estamos confundidos.
Tropiezo tras tropiezo nos envuelve el olvido,
vamos palpando a tientas los muros del Destino,
y no sabemos dónde se nos perdió el camino,,,
EN EL RINCÓN DEL ALMA
HACE SOMBRA EL HASTÍO...

Pero luego sentimos que se renueva todo,
que un pequeño detalle nos vuelve la alegría,
y otra vez regresamos por el camino errado
como si no lo hubiésemos cruzado todavía.

Y nada nos importa la brújula perdida,
ni la pregunta trunca que su ansiedad deshila.
Cualquiera de las sendas va a dar hacia la Vida.
EN EL RINCÓN DEL ALMA
SURGE UN CELAJE LILA...


Bolivia

Walt Whitman (1819 - 1892) - Canto de mí mismo (Song of myself)

Walt Whitman (1819 - 1892)

Canto de mí mismo (Song of myself)

[Fragmentos]

1

Yo me celebro y yo me canto, 
Y todo cuanto es mío también es tuyo, 
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma, 
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano. 

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire, 
Nacido aquí, de padres de cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres, 
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo, 
Y espero no cesar hasta mi muerte. 

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido; 
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos, 
Naturaleza sin freno con elemental energía.

5

Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti, 
Y tú no te rebajarás ante él. 

Tiéndete en el pasto conmigo, desembaraza tu garganta, 
No son palabras, ni música, ni versos lo que preciso, ni hábitos, ni discursos ni aun los mejores, 
Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave. 

Recuerdo cómo nos acostamos una mañana transparente de estío, 
Cómo apoyaste la cabeza sobre mis caderas y la volviste a mí dulcemente, 
Y abriste mi camisa sobre el pecho y hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón desnudo, 
Y te estiraste hasta tocarme la barba, y luego hasta tocarme los pies. 

Velozmente se irguieron y me rodearon el conocimiento y la paz que trascienden todas las discusiones de la tierra, 
Y desde entonces sé que la mano de Dios ha sido prometida a la mía, 
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío, 
Y que todos los hombres que han nacido son mis hermanos, y las mujeres mis hermanas y mis amantes, 
Y que el sostén de la creación es el amor, 
Y que son innumerables las hojas rígidas o que se curvan en los campos, 
Y las negras hormigas en las grietas bajo las hojas, 
Y las mohosas costras del seto, las piedras hacinadas, el saúco, la candelaria y la cizaña.

6

Un niño me preguntó: ¿Qué es la hierba?, trayéndola a manos llenas,
¿Cómo podría contestarle? Yo tampoco lo sé.

Sospecho que es la bandera de mi carácter tejida con esperanzada tela verde.

O el pañuelo de Dios,
Una prenda fragante dejada caer a propósito,
Con el nombre del dueño en alguna punta, para que lo veamos y lo notemos y nos preguntemos, ¿de quién?

O sospecho que la hierba misma es un niño, el recién nacido de la tierra.

O un jeroglífico uniforme,
Que significa: crezco por igual en las regiones vastas y en las estrechas,
Crezco por igual entre los negros y los blancos,
Canadiense, piel roja, senador, inmigrante, a todos me entrego y a todos los recibo.

Y ahora se me figura que es la cabellera suelta y hermosa de las tumbas.

Te usaré con ternura, hierba curva.
Acaso hayas brotado del pecho de los jóvenes,
Acaso, si estuvieran aquí, yo los amaría,
Acaso hayas brotado de los ancianos, o de niños arrancados del regazo de la madre,
Y ahora eres el regazo de la madre.

Esta hierba es demasiado oscura para haber brotado de los cabellos blancos de las madres ancianas,
Más oscura que las descoloridas barbas de los ancianos,
Demasiado oscura para haber brotado de sus pálidos paladares.

¡Ah! Percibo al fin otras tantas lenguas que hablan,
Y comprendo que no han nacido en vano de esos paladares y de esas bocas.

Querría traducir las insinuaciones sobre los muchachos y las muchachas muertas,
Y las insinuaciones sobre los ancianos y las madres y de los niños arrebatados de sus regazos.

¿Qué piensas que ha sido de los jóvenes y de los ancianos?
¿Qué piensas que ha sido de las mujeres y de los niños?

Están sanos y buenos en algún lado,
El retoño más débil prueba que no existe la muerte,
Y que si alguna vez existió lo hizo para impulsar la vida, y no espera que lo destruya el fin,
Y no ha cesado en el momento que surgió la vida.

Todo progresa y se dilata, nada se viene abajo,
Y morir es algo distinto de lo que muchos supusieron, y de mejor augurio.

19

Esta es la mesa puesta para todos, ésta es la carne para el hambre natural;
Es para el malvado no menos que para el justo, a todos he invitado,
No permitiré que una sola persona sea desairada o excluida,
La mantenida, el parásito, el ladrón, están aquí invitados.
El esclavo de labios gruesos está invitado, el enfermo venéreo está invitado,
No se hará la menor diferencia entre ellos y los otros.

Este es el roce de una mano esquiva, ésta es la impresión y el olor del pelo,
Este es el contacto de mis labios y de los tuyos, éste el murmullo del anhelo,
Esta es la remota profundidad y la altura reflejando mi cara,
Esta es la voluntaria fusión de mi ser y otra vez la salida.

¿Sospechas en mí un propósito oculto?
Sí, lo tengo, porque lo tienen los aguaceros de abril, y la mica de las rocas lo tiene.

¿Crees que quiero asombrar?
¿Asombra, acaso, el día? ¿Asombra, acaso, el pájaro que canta temprano en el bosque?
¿Asombro yo más que ellos?

Ahora estoy hablando en la intimidad,
No diría estas cosas a los otros, pero a ti te las digo.

21

Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma, 
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo, 
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los traduzco a un nuevo idioma. 

Soy el poeta de la mujer no menos que el poeta del hombre, 
Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre, 
Y digo que nada es mayor que ser la madre de hombres. 

Entono el canto de la exaltación o de la soberbia, 
Ya estamos hartos de plegarias y de zalamerías, 
Muestro que el tamaño no es más que crecimiento. 

¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el Presidente? 
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá adelante. 

Soy el que camina con la tierna y creciente noche, 
Llamo a la tierra y al mar que abraza la noche. 

Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda, 
Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas, 
Noche serena que me llama, loca y desnuda noche de estío. 

¡Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento, 
Tierra de los árboles dormidos y húmedos, 
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa, 
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul, 
Tierra del brillo y de la sombra manchando la corriente del río, 
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran para que yo las vea, 
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares! 
Sonríe, porque llega tu amante. 

Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor, 
Mi apasionado amor indecible.

24

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndose superior a otros hombres y mujeres, ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!

El que degrada a otro me degrada,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.

A través de mí surge y surge la voluntad creadora, a través de mí, el torrente y el índice.

Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia,
¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.

Muchas voces largo tiempo calladas brotan de mí,
Voces de las interminables generaciones de prisioneros y de esclavos,
Voces de los enfermos y de los inconsolables, de los ladrones y de los enanos,
Voces de ciclos de preparación y de crecimiento,
De los hilos que unen a las estrellas, y de los vientres, y de la simiente paterna,
Y del derecho de aquellos a quienes oprimen los otros,
De los deformes, triviales, simples, tontos y despreciados,
De neblina en el aire, de escarabajos arrastrando bolas de estiércol.

Brotan de mí voces prohibidas,
Voces del sexo y del apetito, voces veladas y yo aparto el velo,
Voces indecentes clarificadas y transfiguradas por mí.

Yo me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.

Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros, y cada parte de mí es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.

Si algo hay que yo venero más que las otras cosas, ese algo es la extensión de mi cuerpo y cada una de sus partes,
Traslúcida arcilla de mi cuerpo, ¡tú lo serás!
Sombreados bordes y bases, ¡vosotros lo seréis!
Firme reja viril, ¡tú lo serás!
Tú, mi rica sangre, tú líquido lechoso, pálido extracto de mi vida.
Pecho que oprimes otros pechos, ¡tú lo serás!
¡Cerebro serán tus circunvoluciones ocultas!
Raíz lavada del junco oloroso, becada medrosa, nido recatado de los huevos gemelos, ¡vosotros lo seréis!
Heno mezclado y revuelto de la cabeza, barba, cejas, ¡vosotros lo seréis!
Savia que goteas del arce, fibra del noble trigo, ¡vosotros lo seréis!
Sol generoso, ¡tú lo serás!
Nubes que ilumináis y oscurecéis mi rostro, ¡vosotros lo seréis!
Sudorosos arroyos y rocíos, ¡vosotros lo seréis!
Vientos que me rozáis, frotando contra mí vuestros genitales, ¡vosotros lo seréis!
Amplios campos musculares, ramas de encina, amoroso holgazán de mi sendero tortuoso, ¡vosotros lo seréis!
Manos que he tomado, rostros que he besado, mortal a quien toqué alguna vez, ¡vosotros lo seréis!

Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas,
Cada momento y todo lo que ocurre me llena de alegría,
No sé cómo se doblan mis tobillos, ni la causa del más leve de mis deseos,
Ni de la amistad que suscito, ni de las amistades que me devuelven.

Al subir por las escaleras me detengo a reflexionar si no estoy soñando,
La madreselva en la ventana me satisface más que la metafísica de los libros.

¡Contemplar el amanecer!
La escasa luz que va borrando las sombras inmensas y diáfanas,
El sabor del aire es grato a mi paladar.

Retoños del cambiante mundo ascienden silenciosos en un juego inocente, fresco sudor,
Oblicuamente errando por todos lados.

Algo invisible está proyectando libidinosos dardos,
Torrentes de brillante zumo inundan el cielo.

La tierra por el cielo invadida, la cotidiana consumación de su boda,
El desafío del oriente sobre mi cabeza,
La burla mordaz: ¡Ya veremos quién es el amo!

31

Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas,
Y que la hormiga es perfecta, y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal,
Y que la rana es una obra maestra, digna de las más altas,
Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas,
Y que la vaca paciendo con la cabeza baja supera a todas las estatuas,
Y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.

Siento que en mi ser se incorporan el gneis, el carbón, el musgo de largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy hecho de cuadrúpedos y de pájaros,
Y que puedo recuperar cuanto he dejado atrás,
Pero que puedo hacerlo volver cuando se me antoje.

En vano la timidez o la prisa,
En vano las rocas incandescentes arrojan sobre mí su antiguo calor,
En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos,
En vano los objetos se alejan leguas y leguas y toman muchas formas,
En vano el mar se oculta en las cavernas donde tienen su guarida los monstruos,
En vano el buitre tiene por morada el cielo,
En vano la serpiente se desliza entre las lianas y los troncos,
En vano el alce busca las honduras recónditas de la selva,
En vano el cuervo marino tiende el vuelo hacia el norte, hacia el Labrador,
Lo sigo velozmente, trepo al nido que está en la grieta del peñasco.

46

Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio; nunca he sido medido y no seré medido jamás.

El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un bastón cortado en el bosque,
En mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa,
Pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.

Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.

No queda lejos, está a tu alcance,
Quizá estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizá esté en todas partes, en mar y en tierra.

Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.

Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.

Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: Cuando abarquemos esos mundos, y el conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.

Tú también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la respuesta.

Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.

Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.

Demasiado tiempo has vadeado, asido de una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el agua con tus cabellos.

48

Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral envuelto en su propia mortaja;
Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra,
Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden la sabiduría de todos los tiempos,
Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no pueda ser un héroe,
Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo,
Y digo a cualquier hombre o mujer: Que tu alma esté serena y en paz ante millones de universos.

Y digo a la Humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la muerte.)

Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo,
Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.

¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,
Otras llegarán puntualmente.

52

El manchado halcón pasa al vuelo, me reprocha mi charla y mi demora.

A mí tampoco me han domado, yo también soy intraducible,
Lanzo mi graznido salvaje sobre los tejados del mundo.

El último fulgor del día se detiene a esperarme,
Arroja mi sombra como las otras y no menos fiel que las otras sobre la opaca llanura,
Me atrae hacia la niebla y la penumbra.

Me alejo como el aire, agito mis blancos rizos hacia el sol fugitivo,
Vierto mi carne en remolinos y la disperso en jirones de espuma.

Que el lodo sea mi heredero, quiero crecer del pasto que amo;
Si quieres encontrarte conmigo, búscame bajo la suela de tus zapatos.

Apenas comprenderás quién soy yo o qué quiero decir,
Pero he de darte buena salud, y a tu sangre, fuerza y pureza.

Si no me encuentras al principio no te descorazones,
Si no estoy en un lugar me hallarás en otro,
En alguna parte te espero.


(Versión de Jorge Luis Borges)